La segunda edición del festival de Spook confirmó el nivel de su propuesta artística y su capacidad de reacción, aunque aún tiene margen para crecer en producción, identidad visual y sonido
Teníamos ganas de volver a BASTO. Tras una primera edición que dejó muy buenas sensaciones entre el público valenciano, la apuesta de Spook regresaba este viernes 3 de julio a Marina Port con el mismo concepto que tan bien funcionó en 2025: un festival open air para exprimir las horas de sol desde las 17:00h hasta la 01:30h, y además para después trasladar la experiencia a su hábitat natural, la Sala Spook, donde el after se encargó de poner el broche final.
Sin embargo, esta segunda edición no empezó precisamente de la forma esperada. La baja de última hora de Brutalismus 3000, uno de los grandes reclamos del cartel, supuso un duro golpe para muchos asistentes. Aun así, la organización reaccionó con rapidez y consiguió incorporar a Kobosil prácticamente en tiempo récord, una decisión que habla muy bien del equipo de Spook y que permitió mantener el alto nivel del line-up del evento.
Para esta edición BASTO contó con dos escenarios, BASTO y Total, y con un line-up en ambos que no se quedó nada atrás. Aunque a nosotros casi nos fue imposible, por los DJs, pisar otro escenario que no fuera el principal, ya que el escenario BASTO mantuvo un nivel muy alto desde el principio.
Entramos al recinto sobre las 17:10, cuando el sol todavía castigaba con fuerza Valencia. Y si hubo un protagonista durante gran parte de la jornada, además de la música, fue precisamente el calor. Las altas temperaturas acompañaron prácticamente toda la tarde y, pensando en futuras ediciones, alguna zona adicional de sombra sería más que bienvenida.

El encargado de abrir la pista fue Cristobal Pesce, que fue aumentando la intensidad progresivamente con una sesión rápida, agresiva y perfectamente alineada con la identidad sonora del festival. Su combinación de sonidos ácidos, ritmos veloces y esa tensión constante que caracteriza sus sesiones funcionó como el mejor calentamiento posible para una tarde que solo iba a ir hacia arriba.
Después llegó el turno de Cloudy, que volvió a demostrar por qué es uno de los nombres más interesantes de la nueva generación. Es una de esas artistas capaces de conectar distintas generaciones de ravers sin perder personalidad. Su mezcla de hard techno, sonidos bounce y referencias noventeras encajó a la perfección con el formato open air, construyendo una sesión muy dinámica que terminó de consolidar el ambiente en Marina Port.

Con el público ya completamente entregado y el sol escondido, apareció 6ejou con su Live Act, algo que le caracteriza y que a nosotros nos encanta. Fue probablemente uno de los sets más sólidos de todo el festival, donde volvió a demostrar por qué es uno de los referentes del Hypnotic Industrial Techno actual. Conectó, una vez más, BPM altos, beats contundentes y una energía frenética y oscura que mantuvo la tensión de principio a fin y que fue uno de los momentos más destacados del festival.
el festival.

Después de un set que nos dejó el listón muy alto, la aparición de Kobosil tenía un componente emocional añadido, no solo por sustituir la baja de Brutalismus 3000, sino porque, para muchos, fue incluso una sorpresa mejor, convirtiéndose en el protagonista de la noche. El alemán ofreció una sesión demoledora, un set de primer nivel que dejó claro por qué sigue siendo una de las figuras más respetadas del techno europeo. Pudimos verlo, una vez más, no dar respiro al público con su techno rápido, profundo y agresivo, con claras influencias del hard techno, schranz y trance.

El cierre del escenario principal quedó en manos de Lucia Gea, residente de Spook y una de las artistas que mejor entiende la identidad sonora de la sala valenciana. Su conocimiento del público y su capacidad para mantener la energía en los últimos compases del festival volvieron a demostrar por qué forma parte del ADN de este proyecto.
Mientras tanto, el escenario Total ofrecía una propuesta diferente y mucho más desenfadada. Allí pudimos disfrutar de DJ Babatr, uno de los grandes impulsores del huarache en Europa, en un espacio que, curiosamente, nos pareció incluso más cuidado visualmente que el escenario principal. Un rincón con mucho encanto que aportaba personalidad propia al festival.

Donde sí encontramos margen de mejora fue en la producción. Comparando esta edición con la anterior, el escenario principal nos pareció considerablemente más pequeño y con una producción bastante menos ambiciosa. Más allá de la escenografía, echamos especialmente en falta una identidad visual mucho más marcada. Resultaba sorprendente entrar al recinto y prácticamente no encontrar ningún elemento que identificara claramente el festival: ni un cartel de bienvenida, ni un nombre de BASTO o Spook, ni espacios pensados para crear contenido o fotografías. Son pequeños detalles que hoy forman parte de la experiencia de cualquier festival y cuya ausencia hizo que, por momentos, el recinto transmitiera una sensación demasiado sencilla para una marca con tanto potencial.
Otro punto mejorable fue el sonido. Aunque la calidad era correcta, en varios momentos de la tarde la potencia se quedó corta para un cartel de estas características construido alrededor del techno más contundente.
Donde sí volvió a sobresalir Spook fue en la organización. Apenas hubo colas durante todo el festival, tanto en barras como en los baños, que además se mantuvieron bastante limpios durante el evento. A ello se sumó una zona de descanso con césped y mesas tipo merendero que permitió recuperar fuerzas entre sesión y sesión.
Entre los momentos más curiosos de la tarde nos quedamos con el equipo de Jägermeister, que recorría el recinto realizando fotografías instantáneas en Polaroid y repartiendo pequeños regalos a los asistentes.

Al cerrar el festival, la experiencia estaba lejos de terminar. Gracias a las lanzaderas gratuitas, cuando nos dimos cuenta, ya nos encontrábamos dentro de la mítica Sala Spook, para vivir el after de BASTO.
Y fue precisamente allí donde todo terminó de cobrar sentido.
El after elevó la experiencia a otro nivel. Con artistas como Luca Agnelli o De Bboy al frente del cartel, Spook volvió a demostrar por qué sigue siendo una referencia absoluta de la escena valenciana. El sonido recuperó toda la contundencia que habíamos echado de menos durante el festival, la sala presentaba un ambiente espectacular y la energía del público era exactamente la que uno espera de un after en este templo de la música electrónica.
Especial mención merece el set de Luca Agnelli, que firmó una actuación simplemente brutal. Contundente, rápida y perfectamente construida para un público que, lejos de acusar el cansancio de toda una jornada de festival, parecía tener todavía combustible para muchas horas más.

BASTO Festival 2026 confirma que el proyecto sigue creciendo y que su selección artística continúa siendo uno de sus grandes argumentos. La reacción inmediata ante la baja de Brutalismus 3000, la comodidad logística del recinto y un line-up de muchísimo nivel pueden volver a situar al festival como una de las citas más interesantes del verano valenciano.
Eso sí, la sensación general es que esta segunda edición perdió parte del impacto visual y de la personalidad que recordábamos del debut. BASTO puede consolidarse como una de las citas imprescindibles; una producción más ambiciosa, un escenario principal de mayor presencia, una identidad visual más trabajada y un sistema de sonido más potente terminarían de convertir una muy buena experiencia en un festival realmente memorable.