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Las estelares actuaciones y el ambiente del Mad Cool Festival han batallado con la desafortunada organización. Os contamos nuestra experiencia desde el punto de vista más crudo posible del conflictivo festival madrileño.

Con un cartel de infarto que aclamado incluso por los medios internacionales y un sold-out histórico en lo que a festivales nacionales se refiere con un total de 240.000 entradas vendidas (80.000 asistentes por día), el Mad Cool Festival presentaba su tercera y más prometedora edición los pasados 12, 13 y 14 de julio, en la cual no solo aumentaba su número de espectadores sino que el evento de Javier Arnaiz también cambiaba de ubicación, concretamente en un recinto de Valdebebas cercano a la Feria de Madrid.

Se creaba así un ambicioso reto que sin duda requería una gestión del evento de nivel experto, algo que al novel festival madrileño acabó pasándole facturacon problemas no solo a nivel de la organización sino también a nivel logístico. El primero de estos les apareció de bruces al comienzo de la primera jornada, y es que debido a un problema en los lectores de las pulseras, estas no se pudieron validar durante varias horas, concretamente hasta 4 horas que la gente tuvo que esperar para entrar haciendo cola al sol en una tarde de verano. Además de hacer sufrir a los desesperados asistentes una espera innecesaria, ello empezó a acumular un gran número de personas en el trayecto que había desde el metro hasta el propio festival (15-20 minutos a pie) donde se creó un ambiente muy tenso que terminó por descontrolarse en quejas, gritos y alguna que otra valla pataleada.
Las consecuencias de este problema son bilaterales ya que no afectaba sólo a los espectadores, sino que consecuentemente también ha hecho que los artistas a los que les tocaba actuar en ese largo periodo de tiempo lo hicieran frente a un público bastante pobre en cantidad con respecto al que probablemente hubieran tenido de otra manera. Desconocemos si el festival trató de paralizar las actuaciones para retrasarlas, pero desde luego habría sido lo más correcto no solo por el respeto a los artistas sino a las personas que fueron con un tiempo de prevención suficiente como para ver a algunas de sus bandas favoritas.

Tras los comentados altercados procedimos a avanzar hasta el festival a modo de carrera de fondo para evitar la avalancha y la kilométrica cola a la que supimos que nos íbamos a tener que enfrentar para intercambiar la entrada por la pulsera, la cual por suerte avanzaba rápido. Un descuido del festival fue incluir en una parte del trayecto hasta la entrada una parte de pedregal, el cual teniendo en cuenta que se preveía una parte del público discapacitada podrían haber resuelto de alguna manera como con tablones de madera o haciendo un carril al que le hubieran apartado las piedras.

Recibimos por fin la pulsera (que aunque nos prometieron llegaría a nuestra casa nunca lo hizo…) para llegar al festival propiamente dicho: un amplísimo recinto con cómodo césped artificial y una estructura ancha que permitía, al contrario que en otros festivales más rectangulares, la dispersión de el público a ambos lados para que no se formen tantas filas. Que hubiera dos escenarios destinados a las actuaciones más grandes (los cuales tenían dos enormes pantallas cada uno para poder ver con detalle a la banda independientemente del escenario en el que tocaran) permitió además de agilizar los cambios de grupos que no hubiera duros solapamientos, lo cuales son puntos a favor.

Tal vez el punto más en contra que podemos mencionar siguiendo este mismo tema ha sido la innecesariamente enorme área reservada al público VIP que se creó en ambos escenarios grandes, la cual se encontraba constantemente vacía y no solo originó quejas entre los asistentes sino que sorprendía a algunos de los propios grupos. De hecho, fue el propio Josh Homme, líder de Queens Of The Stone Age, el que manifestó en directo sus quejas obligando al cuerpo de seguridad a dejar saltar las vallas metálicas a la gente. Por parte, el líder de Franz Ferdinand Alex Kapranos comentó en una entrevista posterior a su actuación que prefiería que esas personas se situasen en las partes más posteriores ya que por norma se preocupan más de obtener un buen “selfie” que del propio concierto.
En cuanto al resto de estructuras eran, junto a los dos mencionados, un total de 7 escenarios repartidos por todo el recinto, con uno de ellos en forma de túnel (“The Loop”) reservado a las actuaciones más electrónicas y donde pasamos gran parte de las jornadas. Lo que no estaba tan repartido eran las barras para pedir bebidas, concretamente porque había una enorme y principal más o menos en el centro del área, al contrario que el gran número de puestos de sponsors, merchandising y tiendas de ropa que colonizaban toda la superficie. Por mucho que esto pudiera parecer una buena idea no lo fue, pues esto y un personal insuficiente hicieron que rara fuese la vez que no tuviéramos que esperar al menos 10 minutos para poder pedir algo. Por si fuera poco, los datáfonos del recinto no iban el primer día y las fuentes de agua potable, concentradas también en un único espacio, tampoco funcionaban, por lo que más te valía haber llevado dinero en efectivo si querías consumir alcohol, refrescos, o simplemente no morir de sed o hambre.

También había un gran área de restauración donde las opciones de comida eran muy numerosas y variadas, con precios normales teniendo en cuenta dónde estábamos. Por otra parte, las zonas de descanso brillaron por su ausencia, siendo el suelo la principal fuente de apoyo para los asistentes agotados o desfallecidos. Además, había ciertas partes del recinto donde no se veía “3 en un burro” y había que andar con mil ojos para no pisar a algunas de estas personas.

Un detalle por parte de la organización fue reservarle un espacio a Pedro Aunión, el trapecista que falleció en la pasada edición del Mad Cool accidentalmente. La noria, las torres de sonido y farolas con luces fluorescentes y las portadas de álbumes míticos de antes y de ahora colocados por todo el festival fueron otras pequeñas cosas nos llamaron la atención y gustaron del propio recinto.

Pero pasemos a hablar de lo más importante, la esencia y al final la razón fundamental por la que esas 240.000 personas nos juntamos en un mismo lugar: la música. Y es que si el Mad Cool ha destacado por algo en sus anteriores ediciones es por sus pomposos carteles. Este año no iba a ser para menos, y con cabezas como Pearl Jam o Arctic Monkeys, sumados a las grandes apuestas pop y electrónicas tenían el éxito asegurado. El gran cartel ha ofrecido una mezcla de estilos y artistas todos de un gran nivel, con el objetivo de atraer a un público heterogéneo que al final fue lo que nos encontramos: personas de todas las edades (incluidas familias), preferencias musicales y rincones de España y de Europa disfrutando y respetándose en un mismo entorno en el que al final todos van por lo mismo.
El primer día quisimos llegar para atender el concierto entero de Fleet Foxes, la banda de folk norteamericana de la que sólo pudimos disfrutar los últimos minutos de actuación y aún tratando de ubicarnos, al igual que la mayoría de personas que íbamos llegando. Después de esta bienvenida nos dispusimos a ver una de las grandes apuestas de la jornada, Tame Impala o como les llamamos a partir de ese momento los reyes de los visuales. Y es que el grupo ofreció un espectáculo audiovisual que te metía de lleno en un nuevo y distorsionado mundo reinado por la psicodelia que acompañaba a los perfectos vocales de Kevin Parker y su banda, los cuales dieron un mismo protagonismo a las canciones de su último disco, “Currents”, como a sus éxitos anteriores.
Poco después de que acabara la mencionada actuación nos dirigimos al otro escenario principal para ver la primera mitad de Pearl Jam, la legendaria banda responsable de muchos de los asistentes de esa jornada a los que veíamos con una pulsera sólo de jueves. Eddie Vedder y los suyos animaron la velada más multitudinaria con todos sus éxitos a la vez que el público, que parecía saberse cada una de las letras. Hubo un momento muy destacado en el que el vocalista sacó a pasear su mejor castellano y se dirigió al público español en general diciendo que “le habían dicho que en España hay muchos locos, y a mi me encanta la locura”, momento en el que todos, nunca mejor dicho, enloquecimos.
A continuación nos movimos al otro extremo del recinto de Valdebebas en el escenario Koko para observar cómo uno de los más esperados entre el público joven y actual referente del urban comercial Post Malone, iba sacando a relucir sus más destacados temas. Siendo honestos, para ser la persona que es el americano decepcionó con una pobre puesta en escena en la que él mismo, sin nadie más en el escenario, correteaba de un lado al otro del escenario mientras cantaba sus canciones a medias, con algún que otro gallo y pérdida de voz, y lo más “rompedor” de su espectáculo fuera el momento guitarra acústica. Aún así el público disfrutamos, aunque más por el hecho del ambiente que había y de que “Posty” soltaba temazo tras temazo que por la actuación en sí.
La siguiente actuación fue una de las grandes “golosinas” de la electrónica que ofrecía el festival: Justice. El dúo francés tuvo a un fiel público que abarrotó el Loop desde antes de comenzar su espectáculo con un set de electro que hacía retumbar las paredes y no solo gozó de una gran calidad musical, sino también de un gran acompañamiento por parte de la iluminación. Después decidimos acabar la jornada con las dos últimas actuaciones de MGMT y Maya Jane Coles, las cuales disfrutamos a partes iguales y divididas por solapamiento. Los primeros ofrecieron un notable show en el que no dudaron de tirar de sintetizadores e instrumentos en vivo y tocaron no solo los temas de su reciente “Little Dark Age” sino también otros tracks inolvidables como “Kids” y “Electric Feel”, momentos en los que se notaba una gran y repentina activación de sus seguidores. Para terminar, a pesar de haber sufrido el sopor vespertino que nos tocó, la gente parecía incansable a las aún a las 4 de la mañana cuando la DJ y productora hacía vibrar a todos de una con los mejores ritmos house y techno.

Tras esta dura jornada tocaba recorrerse de nuevo el camino de ida, que esta vez se hizo más largo, y volver a casa. Para ello el festival logró acordar in extremis con el Ayuntamiento de Madrid la apertura nocturna de parte de la línea 8, entre Feria de Madrid y Nuevos Minsiterios, lo cual fue muy útil para muchos de los asistentes además de las otras opciones disponibles que había: las lanzaderas que te llevaban a Colón o a Plaza Castilla y un servicio especial de Uber y taxis que también tenían preparados en una zona habilitada para ello.

Acontecía la jornada de viernes y, como era de esperar, todos temimos lo peor (que se repitiera lo mismo que el jueves) y fuimos con mucho tiempo de prevención. El problema ya estaba solucionado y todo el mundo pudo entrar de manera fluida y calmada, sin altercados, aunque el apabullante del calor de las 18 de la tarde no hacía favores a nadie. Por suerte una manguera salvadora a mitad de camino, los abanicos que repartía el puesto de la Comunidad de Madrid (una pobre chica los lanzaba mientras inexplicablemente hacía spinning) y el hecho de que las fuentes y los datáfonos ya funcionaran ayudaron a hacer este problema más llevadero. Habría que añadir un apunte sobre las fuentes, y es que el hecho de que estén todas juntas no solo era un problema para tener desplazarse hasta ellas sino que si sumas a estas el césped artificial y la tierra que había debajo, el resultado que te queda es un barrizal de tamaño considerable que en ningún momento nadie de la organización fue capaz de arreglar cubriendo con algo.
La primera actuación a la que acudimos fue la de Sofi Tukker, la pareja de productores y cantantes que sin duda fue una de las más entretenidas de todo el festival. A pesar del calor, las divertidas canciones unidas con una gran compenetración del dúo no dejaron de hacernos bailar y disfrutar. La pareja brasileña-americana tuvo tiempo en su set de una hora para tocar los temas más destacados de su álbum debut, “Treehouse”, así como un par de unreleases nuevos y el fundador de su éxito reservado para el final, “Drinkee”. Si que es verdad que teniendo en cuenta la gran cantidad de remezclas que tienen nos dio pena que no sacaran ninguno a pasear, aunque también es razonable teniendo en cuenta que era una actuación live y no un DJ set.
Tras el subidón y la energía desprendida con Sofi Tukker nos fuimos con el británico James Bay, quien ofreció un set de su pop-rock en el que llenó el escenario Koko a base de baladas y uplifters acompañado de un simpático coro. Muchos no eran conscientes de que ha sacado un álbum hace poco y se crecían únicamente cuando era el turno de los temas que más han escalado en las listas de éxitos como “Hold Back The River” o una lograda versión de “Simply The Best” de Tina Turner que sirvió para levantar a más de uno en el suelo y que cantara a pleno pulmón.
A continuación nos fuimos al Madrid Radio Station Stage donde estaba la francesa Jain, quien logró reunir a un gran público procedente de su país que no dudaba en cantar la Marsellesa para demostrarlo entre canción y canción. Franceses y españoles disfrutamos un montón con los bangers de pop sintético que nos ofrecía la artista mientras bailaba y controlaba sus propios synths, demostrando que es una artista muy completa y que con el segundo disco que tiene a la vuelta de la esquina esta más que preparada para dar un salto al mainstream internacional si las radios lo permiten.
ODESZA eran los siguientes en actuar, nuestros personales favoritos de la jornada y a los que acudimos con tiempo para coger buen sitio. La pareja de productores americana reventó el Loop demostrando ser la grandiosidad y la apoteosis en persona, con un set inolvidable que no dejaba tiempo para respirar. Los asistentes parecían no sentir el cansancio, viniéndose arriba cada vez que ODESZA tiraba la casa abajo (lo cual ocurría muy a menudo), fluyendo en los momentos más uplifting y gozando de cada golpe de batería que daban ellos y los soplidos de los trompetistas que los acompañaban.Después de vivir una experiencia tan especial decidimos reposar un poco escuchando a Sampha y su soul electrónico. El artista defendió la gran voz que nos alucinó en su primer LP, “Process”, con beats y melodías electrónicas y a piano. Tuvimos que dejar a este artista a medias para comenzar a ver al gran cabeza de cartel del viernes, Arctic Monkeys, a quienes por razones comprensibles fue difícil ver de cerca aunque disfrutamos igualmente. La banda de Alex Turner ofreció un variado set que visualmente vistió de glamour y elegancia con visuales en blanco y negro en compenetración con la estética de su reciente álbum, “Tranquility Base Hotel + Casino”. Sin embargo, eran sus temas pasados como “Do I Wanna Know” los que de verdad hacían disfrutar a un público algo desconcertado con la falta de fuerza que ofrecía en los temas de este último LP.
Tras ver parte del set de los ingleses, nos despedimos del escenario Mad Cool por ese día para finiquitarlo con el gran Paul Kalkbrenner, quien presentó por primera vez en España su último disco y uno de nuestros favoritos en lo que va de año, “Parts Of Life”. Aunque nos estemos repitiendo y es que es lo que suele pasar, de nuevo fueron las gemas del pasado de Paul las que más animaron a la audiencia. Con todo, el productor alemán defendió un digno set siendo fiel a sus raíces.

Este fue el último acto de una truncada jornada por la no aparición de Massive Attack, quienes si habéis estado atentos a las noticias de actualidad habréis visto que no aparecieron. El problema principal que defendía la (supuesta) banda de Banksy para no salir y resguardarse en sus camerinos fue el hecho de escucharse de fondo a Franz Ferdinand, banda también británica que tocaba en el escenario principal y se solapaba parcialmente. El País cuenta en una entrevista con el fundador que a pesar de los esfuerzos de Javier Arnaiz y su equipo por hacer que actuaran ofreciendo medidas como disminuir el tono del otro escenario y retrasar el resto de actuaciones previstas, Massive Attack no cedió y casi 1h30’ después de cuando deberían haber salido, se emitió el comunicado que indicaba al ya rabioso y agotado público, que de manera incrédula volvía a casa o a otro escenario.

Con un agotamiento casi palpable nos aventuramos a entrar el sábado al caer la tarde. Al igual que en el día anterior, nos mostrábamos con reticencias a que no ocurriera nada que nos hiciera llegar a la hora esperada, por lo que, aunque nuestro objetivo era ver a los cabeza de cartel Queens Of The Stone Age llegamos una hora antes y aprovechamos para entrar en calor con Jack Johnson, un show en el que aunque sólo pensábamos atender relajados de manera más pasiva, poco a poco fue enganchándonos con su rock acústico y una genial compenetración entre toda la banda que reflejaba la experiencia de todos hasta el punto en el que el pianista se cantó una de sus canciones con unos vocales mejores incluso que los del propio Jack. Otro momento destacable fue cuando salieron a cantar con el americano la banda de Portugal. The Man, que aunque no cantaron su éxito que ha dado la vuelta al mundo “Feel It Still” (lo hicieron cuando les llegó el turno de actuar), el momento de sacar a otro grupo fue una grata sorpresa.

Seguidamente y como hemos mencionado, los siguientes en actuar fueron Queens Of The Stone Age, la banda que además de ser una de las mejores actuaciones del festival se llevaó el título de “silence breaker” en el momento en el que Josh Homme se quejaba en directo al festival y al cuerpo de seguridad sobre lo vacía que estaba el área VIP, exigiendo a lo últimos que dejaran pasar al resto del público quien, sin dudarlo, saltó de una para acercarse a sus héroes.

A continuación vimos a otro de nuestros personales favoritos, DJ Koze. El productor alemán, jefe de Pampa Records y autor de otro de nuestros álbumes favoritos del año, “Knock Knock”, elaboró un set que aunque comenzó con un número de asistentes algo escaso para lo que merecía, se vio un claro crecimiento no solo en cantidad sino también en ánimo a lo largo de una actuación que hizo vibrar y bailar todo el mundo al son de sus ritmos techno y house que como golpe de gracia culminó con “Pick Up”, el tema más destacado del mencionado álbum.
Tras una actuación que nos dejó con una sonrisa estúpida en la cara fuimos a ver a Future Islands, la siguiente actuación que teníamos prevista y que podemos decir más superó nuestras expectativas. Si ya éramos fans de su música pre-grabada ahora también lo seremos de sus actuaciones en vivo. El vocalista del grupo Samuel T. Herring, vestido de camisa metida por dentro de los pantalones, demostró ser el mejor frontman sin parar de sorprender a los asistentes con bailes, carreras e incluso gritos guturales que te pillaban desprevenido. Todo ello unido a que todas las canciones que eligieron tocar eran buenas les coloca como otro de nuestros grandes destacados del festival.
La que no superó nuestras expectativas porque ya las teníamos por las nubes desde que vimos su nombre en el cartel fue Dua Lipa, quien reafirmó su actual posición de superestrella del pop soltando temazos sin descanso y coreografías junto a sus dos bailarinas que muchas veces conseguían robar el protagonismo a la cantante. En su setlist no solo encontramos las mejores canciones de su álbum sino también sus notables colaboraciones con Martin Garrix, Wale o Calvin Harris.
Cerramos el festival, para hacerlo bien, con un par de actuaciones de música electrónica. La primera fue Underworld, la veterana pareja de electrónica experimental británica que ofreció un espectáculo sin igual en el escenario principal, desde el cual fuimos al Loop para finiquitar nuestra experiencia con The Black Madonna, una de las grandes figuras del underground que logró abarrotar el túnel hasta que el Mad Cool dio su tercera edición por finalizada, una edición en la que ha quedado reflejado cómo hay que tener cuidado con el rápido crecimiento que puede desembocar en un gran caos que se puede descontrolar si no se dispone de las herramientas o experiencia suficiente para solventarlo.