Regresamos al desierto de los Monegros después de tres años para vivir uno de los festivales más extremos de la escena electrónica actual
Llegamos a Monegros en el bus oficial desde Barcelona alrededor de las 16:00. Habíamos salido sobre las 13:00 y, pese al retraso en los accesos al festival, conseguimos entrar a una hora bastante razonable. Eso sí, nos perdimos el opening de Indira Paganotto.
Nada más cruzar la entrada, dimos una primera vuelta de reconocimiento y rápidamente percibimos cuánto había cambiado el festival desde nuestra última visita al desierto en 2023. De primeras, destacaba la incorporación de nuevos escenarios como Dust x Unreal, Duna x ArtCore y Awakenings, inexistentes entonces. La Industry City también presentaba una renovación evidente, con más contenedores y mayor capacidad para asistentes. Y, por supuesto, Outworld, el escenario más esperado, rodeado de una gran expectación.

Aun con estos cambios, Monegros mantenía intacta su esencia: las icónicas letras de RAVE, la Techno Cathedral, el Pajar, el Corral… y, cómo no, un sol implacable que no daba tregua.
Sin perder tiempo, nos dirigimos a la Techno Cathedral para arrancar la jornada con el techno emocional de AEREA. Más allá de sus temas más reconocidos, ofreció un hardgroove hipnótico y muy bailable, ideal para entrar en calor. Al terminar, nos desplazamos rápidamente a Dust x Unreal, donde Alba Franch aún tenía media hora de set por delante. Había muchas ganas de ver a la DJ madrileña, que en muy poco tiempo ha pasado de promesa emergente a nombre clave en la escena nacional, con presencia cada vez más habitual en el circuito internacional.

Tras su actuación, Johannes Schuster tomó el relevo en el mismo escenario. La energía en la pista era arrolladora, pero el viento empezó a levantarse con fuerza y el polvo en suspensión nos obligó a movernos. Intentamos dirigirnos al escenario de Awakenings para ver a Ignez, pero al llegar descubrimos que el stage estaba temporalmente fuera de servicio por un problema técnico.
Aprovechamos ese paréntesis para comer algo, hidratarnos y resguardarnos del polvo. También logramos reencontrarnos con nuestros amigos, gracias a que los SMS funcionaban de forma intermitente, ya que la cobertura era prácticamente inexistente. Por un lado, esta desconexión favorecía estar más presente en el momento; por otro, complicaba bastante la logística para encontrarse en un recinto de tales dimensiones.
Una vez reunidos, nos dirigimos a Outworld para presenciar el set de Klangkuenstler mientras caía el sol. Sin duda, uno de los momentos más destacados del festival: música, atmósfera, compañía y producción se alinearon de forma impecable. Como punto negativo, la masificación en algunos momentos hacía difícil incluso bailar. Algo que volveríamos a experimentar poco después.
Nos desplazamos entonces a Dust para ver a Cloudy, una de las DJs en mejor momento de su carrera. La expectación era tal que resultaba imposible acercarse lo suficiente como para disfrutar del sonido en condiciones. Entre la distancia, la saturación del público y la falta de espacio, decidimos marcharnos.

Optamos por cambiar de rumbo hacia Industry City, una decisión que resultó ser de lo más acertada. Allí vivimos uno de los puntos álgidos de la noche con el face to face entre Yanamaste y FUMI. El escenario, diseñado específicamente para este formato, conseguía sumergirte por completo en la sesión: láseres, visuales y sonido creaban la sensación de estar en un club cerrado, pese a encontrarnos en pleno desierto.
Al finalizar, supimos que Awakenings había retomado la actividad, así que nos dirigimos hacia allí. No teníamos claro quién estaba en cabina debido a los cambios de horario y a la cantidad de gente, pero poco importó. Fue uno de esos momentos en los que simplemente te dejas llevar por la música. Más tarde descubrimos que se trataba de Estella Boersma, quien ofreció un set enérgico, rítmico y perfectamente conectado con el público.

De vuelta a Outworld, repetimos con AEREA, esta vez en un b2b junto a Future666. Una combinación que despertaba curiosidad por la diferencia de estilos y que terminó funcionando sorprendentemente bien. Nos quedamos disfrutando hasta la llegada de Collabs3000, un dúo que ya habíamos visto en Awakenings Upclose y que volvió a demostrar su dominio del techno más puro, equilibrando intensidad y groove de forma impecable.
Llegados a este punto, la programación obligaba a tomar decisiones constantes. Nos dirigimos a Dust para ver a Kuko, que presentaba un set en línea con su reciente propuesta Katharsis, una clara declaración artística que el público parecía entender a la perfección. La energía en la pista era altísima. Después, Vendex tomó el control manteniendo la intensidad con una mezcla de hard techno, schranz y algunos de sus temas más reconocidos.

Tras este bloque tan contundente, hicimos una pausa para recuperar fuerzas. Entre hidratación y algo de comida, nos preparamos para lo que vendría después: el b2b de Adriana López y Ben Sims en Awakenings. Para nosotros, el verdadero pico de la jornada. Lo vivimos en primera fila de principio a fin, en una sesión de puro techno que, apoyada por uno de los mejores soundsystems del festival, nos devolvió la energía necesaria para continuar.
El amanecer lo reservamos para Outworld. Allí, Klangkuenstler volvió a tomar los mandos con un set de schranz que nos acompañó hasta bien entrada la mañana. Con la luz del día regresando poco a poco, la sensación era la de despertar de un sueño aún en marcha. Sorprendía ver cómo, después de tantas horas, gran parte del público seguía bailando sin descanso.

Outworld se convirtió entonces en nuestro punto fijo hasta casi el final, enlazando actuaciones como la de Svetec b2b OBI, una auténtica joya de old school hard techno, y el set de PERC, que se nos pasó en un suspiro. Sin apenas darnos cuenta, nos encontrábamos ya en la recta final del festival.
Este año, el cierre se dividía en dos escenarios con artistas que no queríamos perdernos, así que optamos por repartir el tiempo. Comenzamos en Outworld con Héctor Oaks y, alrededor de las 11:00, nos trasladamos a la Techno Cathedral para asistir al cierre de Richie Hawtin. Su set, hipnótico y preciso, fue el broche perfecto, manteniendo la pista en movimiento hasta el último instante.
Monegros 2026 no solo ha sido la edición más multitudinaria de su historia, sino también una de las más decisivas en su evolución. La consolidación de nuevos espacios como Outworld, el salto cualitativo en producción y una propuesta artística que sigue conectando con distintas generaciones refuerzan su posición como uno de los grandes festivales experienciales del mundo.

Más allá de las cifras, el desierto vuelve a demostrar que su fuerza reside en algo difícil de replicar: una identidad propia que, año tras año, sigue reuniendo a miles de personas bajo una misma premisa —vivir la música electrónica de forma intensa, colectiva y sin concesiones.