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Es un hecho que 2017 fue un año extraordinario para el dubstep y el drum&bass. La calidad, así como la cantidad de releases fue gratamente elevada. Vimos el nacimiento de nuevos sellos y artistas, el crecimiento exhuberante de aquellos recientes y la hegemonía de los ya consagrados.

No obstante, esta entrada no va a estar dirigida a ninguno de esos aspectos, ni va a tratarse de una sesión nostálgica de repaso a lo acaecido en el año anterior. El objetivo que se persigue en este texto es analizar las tendencias que hemos visto fluctuar a lo largo de 2017 y de alguna manera prever qué sucederá este año. En resumen, vamos a hacer una apuesta.
Cuando hablamos de tendencias nos referimos a los vaivenes de popularidad que pueda tener un determinado estilo o subgénero. Un ejemplo muy claro y reciente es el riddim. En tan solo dos años, pasó de ser un subgénero underground completamente alejado del mercado y de la industria a convertirse en una máquina de vender entradas.

En 2017, el riddim se consagró definitivamente como uno de los principales subgéneros del dubstep, llegando incluso a encabezar la lista de popularidad de todos ellos, especialmente en Estados Unidos. Sin embargo, tras dos densos años puliendo la fórmula, el riddim empieza a manifestar síntomas de desgaste. La masificación que le llevó a lo más alto es también la que acabará con él si no se toma un descanso para renovarse. Esa sensación de cansancio está presente también en productores, promotores y público, por lo que creemos que 2018 será el año en el que riddim comenzará a descender -que no desaparecer-, dejando hueco a otros estilos. Pero…¿quién ocupará ese hueco?

Uno de los mayores aportes del riddim a la comunidad del dubstep ha sido acostumbrar al público a atmósferas más oscuras. Consiguió un acercamiento entre quienes se habían recluido en búnkeres como el robostep o el deathstep y quienes aún arrastraban la epilepsia del brostep. Poco a poco, el público ha ido incrementando su tolerancia hasta llegar a la actual búsqueda incansable de sonidos agresivos, donde lo grotesco prevalece sobre lo melódico. La consecuencia de dicha búsqueda es el abrumador crecimiento del heavy dubstep, un estilo incierto que, tras años en la sombra, vuelve a ser considerado como un concepto. El apellido “heavy” no es tanto un nombre como un mero calificativo, un indicio de que no hay límites a la hora de producir. El heavy dubstep está destinado en 2018 a tomar el testigo del riddim en un año que pinta extremadamente bien para esta comunidad.

Dejamos aparcado el dubstep y nos adentramos en la segunda apuesta: el drum&bass. Aquí el abanico de subgéneros posibles y distancia que los separa es mucho mayor pero, por otro lado, están más arraigados y su posición varía menos con el tiempo. En el caso de estilos más tradicionales como el jungle o el liquid, al tener un público muy fiel y dedicado, la diferencia anual es significativamente pequeña y no existe una necesidad real de aumentar su tamaño. En cambio, subgéneros como el neurofunk o el jump up han demostrado tener un hambre insaciable, creciendo a un ritmo constante y recuperándose de cada bache en sus caminos. Definitivamente, 2018 no será el año en el que alguno de los dos pierda presencia.

Antes de concluir, un pequeño y breve bonus: este año escucharemos mucho más halftempo. Tanto en cambios de ritmo como en temas exclusivamente dedicados a ello.

Puede que acertemos o puede que no, pero una cosa está clara: nos lo vamos a pasar en grande en 2018.