Este verano hemos tenido el placer de asistir al festival Rabolagartija, celebrado en la localidad alicantina de Villena. El evento, que comenzó el día 16 de agosto y finalizó el 18 del mismo mes, destacó desde el inicio por su cartel multigénero, dando cabida a punk rock, rock urbano, rap, ska, reggae, rumba, flamenco… La lista es interminable.
Como ya estaréis intuyendo, el hecho de que estemos hablando de él en este medio implica que también albergó música electrónica, y efectivamente. Este año la organización tuvo a bien apostar por el drum&bass, incluyendo en el cartel a The Qemists y a Dub Elements. Ambos tuvieron la responsabilidad de cerrar uno de los días del festival -el segundo y el tercero, respectivamente-, actuando de 4 a 5 de la madrugada.
La inclusión de The Qemists no resulta tan sorprendente, pues al fin y al cabo son una banda híbrida de rock y drum&bass y eso les ayuda a encajar con el resto del cartel. Por otro lado no es ni de lejos la primera vez que actúan en España, ya que son habituales en otros festivales como Weekend Beach en Málaga. El objetivo de estas líneas no es el de redactar una crónica, pero os podemos asegurar que el ambiente que se vivió durante el concierto fueincluso más enérgico que con otras bandas más tradicionales y conocidas.

Podríamos parar aquí y ya tendríamos razones suficientes para alentar a todos los festivales a apostar por drum&bass, pero aún queda una bala en la recámara. Por si la inclusión del drum&bass en el cartel fuese poco, la organización apostó por un tercer escenario mucho más humilde separado de los dos principales. En él se sucedían diferentes sets desde las 8 de la tarde hasta las 4 de la madrugada, con una cuidada variedad de géneros y una selección de algunos de los mejores artistas locales: DJ Freazer, Safary Beats, el colectivo Pandemonium y un largo etcétera. La cuestión es que no importaba a qué hora te acercases a este escenario, siempre había gente -especialmente a partir de las 12 de la noche-. Para nosotros esto es una prueba evidente de que el público está más que dispuesto a escuchar música electrónica, incluso si tiene que sacrificar algún concierto por el camino.
En conclusión, esperamos que lo acontecido en el Rabolagartija sirva de precedente para que otros festivales se animen a incluir música electrónica en sus carteles. Eso sí, no de cualquier manera, conocer al público es importante. De momento ha quedado demostrado que, en el sureste español, el público rockero ha abierto sus brazos al drum&bass. Y eso es bonito.