El pasado fin de semana asistimos a Awakenings Upclose en Ámsterdam, y os aseguramos que es mucho más que un festival boutique
Como cada año, Awakenings Upclose tuvo lugar en Spaarnwoude Park, en la región de Ámsterdam (Países Bajos). Un entorno natural transformado por completo en un recorrido de escenarios inmersos en bosque, con una producción cuidada al detalle y una dirección artística centrada en la experiencia sonora más que en la escala.
Para nosotros era la primera vez asistiendo al festival, lo que inevitablemente elevaba las expectativas: Upclose se presentaba como una propuesta más íntima dentro del universo Awakenings, y aun así era difícil anticipar hasta qué punto esa cercanía se traduciría en una vivencia tan inmersiva. Desde el primer acceso al recinto quedó claro que no se trataba únicamente de un lineup sólido, sino de un concepto global donde espacio, sonido y narrativa de cada escenario estaban diseñados para funcionar como un todo coherente, superando con creces cualquier referencia previa.
Sábado 16
El sábado en Awakenings Upclose arrancó con esa mezcla de curiosidad y ambición por exprimir cada minuto que solo se siente cuando sabes que estás ante algo especial. A las 13:00 ya estábamos dentro del recinto, con la intención clara de recorrer el festival desde sus primeras horas y dejarnos llevar por la narrativa sonora que proponía cada escenario.
Nuestra primera parada fue el Area 24, donde Prance estaba en cabina. Su set funcionó como una apertura perfecta: grooves cálidos, ritmos tribalesy una selección accesible pero elegante que permitió que el público fuera entrando poco a poco en dinámica. No fue un set para desatar la locura, sino que sentó las bases sobre las que se desarrollaría el resto del día.

Sin perder demasiado tiempo, nos desplazamos al Area 07 para ver el set de Emilija y Fenrick. A medida que avanzaba la sesión, el espacio fue llenándose progresivamente hasta quedar completamente abarrotado en su tramo final. Musicalmente, se movieron en terrenos de hard trance más contemporáneo, con ese enfoque moderno que mezcla energía acelerada con guiños a referencias más mainstream. Fue un set eficaz, directo, diseñado para conectar rápido con el público y elevar pulsaciones.
Alrededor de las 16:30 regresamos al Area 24, que acabaría consolidándose como nuestro escenario favorito del festival. La razón no era solo musical, sino también conceptual: su estructura cuadrada generaba una pista de baile envolvente alrededor de la cabina, rompiendo con la frontalidad habitual y creando una experiencia mucho más inmersiva. Ubicado en una esquina del bosque, construido con madera y acompañado de aspersores de niebla que difuminaban el entorno, el escenario ofrecía una atmósfera casi hipnótica.
Ahí fue donde Dold tomó el control. Su set, profundamente anclado en el techno más puro y funcional, destacó por su precisión y minimalismo. Dold trabaja con estructuras repetitivas, texturas industriales y una progresión muy medida que no busca el impacto inmediato, sino una absorción progresiva del oyente. En ese contexto —rodeados de naturaleza, envueltos en niebla y con un sistema de sonido impecable— la experiencia fue casi trascendental.

El siguiente movimiento nos llevó al Area 97 para el b2b entre Rod y Sterac. El contraste con el escenario anterior era evidente: un espacio mucho más grande, una pista completamente llena y una energía más explosiva. Su set se apoyó claramente en las raíces del Detroit techno, con grooves sólidos, líneas de bajo contundentes y una narrativa clásica pero efectiva. La sinergia entre ambos fue uno de los puntos fuertes: aunque también son conocidos por otros proyectos dentro de la electrónica, aquí apostaron por un enfoque directo y coherente que conectó muy bien con el público.
Justo después del set de Rod y Sterac, camino hacia el siguiente escenario, vivimos uno de esos momentos que definen la identidad real de Upclose: el descubrimiento inesperado. Entre los árboles, casi escondido, apareció ante nosotros el escenario secreto de Vault Sessions. Sin lineup anunciado, sin horarios, sin pistas. Solo sonido guiando a la gente. Ese era precisamente su concepto: dejar que la curiosidad y el boca a boca hicieran el resto. La sensación era completamente distinta al resto del festival, más íntima, más espontánea, más cercana a la cultura club que a la lógica de un gran evento. Fue uno de esos momentos no planificados que terminan siendo esenciales en el recuerdo del día. Porque si algo demostró ese escenario secreto es que, más allá de los grandes nombres y las producciones imponentes, Upclose también sabe generar magia en lo inesperado.
Al acercarnos, nos encontramos con una multitud visiblemente entregada, sonriendo, bailando sin pretensiones, como si todos compartieran el secreto de haber llegado hasta allí. En cabina estaba Grace Dahl, habitual en el ecosistema de Vault Sessions y una de las artistas emergentes con mayor proyección dentro de la escena techno neerlandesa.
De vuelta al Area 07, nos encontramos con una de las combinaciones más inesperadas del día: FUMI b2b SPFDJ. A priori, dos estilos distintos, pero en la práctica, una conexión sorprendentemente fluida. El set fue dinámico, divertido y cargado de referencias, incluyendo reinterpretaciones de clásicos como ‘Renegade Master‘ de Wildchild o samples de ‘Masters at Work’. Más allá de los temas concretos, lo que destacó fue la complicidad entre ambas artistas, jugando constantemente con la pista y manteniendo una energía impredecible.

Sin movernos del mismo escenario, el relevo lo tomaron Ornella y Kobosil, que endurecieron el tono con un set más orientado al hard techno y al schranz. Tracks como ‘BR3ATH3’ o ‘You Need The Drugs’ marcaron un punto de inflexión en la intensidad del día, llevando la pista a un terreno más agresivo y acelerado. Fue un momento de máxima euforia colectiva, donde el público respondió con una entrega total.
Antes de que terminaran, volvimos al Area 97 para no perdernos el cierre del set de Alarico junto a Ben Klock. Dos nombres fundamentales del techno que demostraron por qué siguen siendo referentes. Su sesión fue sólida, contundente y perfectamente ejecutada, con esa capacidad de leer la pista y mantenerla en tensión constante.
El broche final lo puso, sin discusión, el que fue para nosotros el mejor set de toda la jornada: COLLABS 3000, el proyecto conjunto de Chris Liebing y Speedy J. Lo que ofrecieron fue una clase magistral de techno en su estado más puro: energía, precisión, oscuridad y una intensidad sostenida que llevó al público al límite. Sin artificios innecesarios, sin concesiones, solo música y una ejecución impecable.

El sábado no fue simplemente una sucesión de sets, sino una narrativa perfectamente construida donde cada escenario y cada artista aportaron una pieza clave. Una jornada que lejos de dejarnos saciados, nos dejó con las expectativas por las nubes para el día siguiente.
Domingo 17
La jornada del domingo en Awakenings Upclose arrancó con un ritmo distinto, más pausado, condicionado por una lluvia intermitente que obligó a ajustar los tiempos, pero que no logró alterar la intención principal: seguir explorando el festival desde dentro. Entramos sobre las 15:00 y, antes de retomar la actividad, hicimos una parada estratégica en la zona de foodtrucks, donde el propio recinto ofrecía un pequeño refugio entre toldos y mesas de picnic. Ese espacio funcionaba casi como un punto de equilibrio dentro del caos controlado del festival, especialmente útil en momentos en los que el terreno se volvía más complicado.
En cuanto el clima dio una tregua, nos dirigimos al Area 22, un escenario que el día anterior había pasado completamente desapercibido para nosotros. La sorpresa fue inmediata. La iluminación, muy cuidada y con un enfoque casi cinematográfico, recreaba una atmósfera que recordaba más a un club oscuro que a un escenario al aire libre. Era un espacio contenido, envolvente, donde la música parecía ocuparlo todo sin necesidad de excesos visuales.

A las 16:00 se encontraba en cabina Rene Wise, que ofreció un set ligeramente alejado de su registro más habitual. En lugar de su enfoque más hipnótico y percusivo dentro del techno minimalista, apostó por una lectura más relajada y abierta, con guiños a estructuras house que, lejos de romper la energía, la sostenían de forma constante.
Sin demasiada pausa, nos desplazamos al Area 97, aprovechando que la lluvia había cesado. Allí nos encontramos con dos figuras clave de la jornada: ANNĒ y Ben Sims. Su presencia marcó un punto de inflexión claro en el día. ANNĒ aportó su característico enfoque de hard techno con tintes industriales y una energía directa, mientras que Ben Sims, uno de los grandes referentes del techno británico, aportó ese groove contundente y rítmico tan propio de su trayectoria. La combinación de ambos generó una pista completamente entregada, donde la intensidad no dejó de crecer.
A partir de ese momento, el clima dejó de ser un factor determinante y la jornada tomó definitivamente una dirección ascendente. El siguiente destino fue el Area 07, donde nos esperaba uno de los sets más originales del festival. The Tune Girl demostró una personalidad muy marcada tras la cabina, con un enfoque que rompía con estructuras previsibles y que jugaba constantemente con la energía del público. Su presencia reforzó una idea que se repetía a lo largo del fin de semana: el techno no entiende de edades ni de moldes, sino de actitud y coherencia en la pista.
Tras ella tomó el relevo Adrian Mills bajo su aka 2HIGH, una identidad que le permite explorar registros más grooveros y dinámicos sin perder su esencia más contundente. Su set se movió con soltura entre el hard groove y el techno más físico, con transiciones rápidas y una selección pensada para mantener la pista en constante tensión. Fue una demostración clara de versatilidad, sin perder su esencia.
Antes de que finalizara su actuación, nos movimos de nuevo hacia nuestra querida Area 24, que una vez más volvió a convertirse en uno de los puntos más fuertes del festival. Allí nos encontramos con el b2b entre Kamelija y Setaoc Mass, dos artistas que ya han compartido cabina en distintas ocasiones dentro del circuito europeo, algo que se percibe claramente en la naturalidad con la que se entienden musicalmente. Su set fue una progresión hipnótica, con capas densas, ritmos repetitivos y una construcción muy medida que mantuvo la pista completamente inmersa.

El relevo llegó de la mano de Colin Benders y Dasha Rush, que elevaron aún más la intensidad del espacio. Colin aportó una base sólida y estructurada, mientras que Dasha introdujo su habitual enfoque más experimental y textural, jugando con atmósferas más abstractas y rupturas inesperadas. El resultado fue un set envolvente, casi narrativo, que generó una sensación de inmersión total. La pista no solo estaba llena, sino completamente absorbida por lo que ocurría en cabina. La sensación general era clara: no había un solo momento en el que el espacio no estuviera a rebosar, pero lo más llamativo era cómo esa densidad nunca se traducía en saturación, sino en energía compartida.
Para cerrar la jornada nos dirigimos al Area 01, el escenario indoor más grande del festival. La carpa funcionaba como un universo aparte: luces estroboscópicas, flashes constantes y una acústica que transformaba completamente la percepción del sonido. Era un entorno diseñado para perder la noción del exterior, y lo conseguía desde el primer minuto.
En ese contexto, el b2b entre Ignez y Rødhåd se sintió especialmente coherente. Ambos comparten una visión del techno basada en el groove profundo, las estructuras prolongadas y una construcción progresiva que prioriza la tensión sobre el impacto inmediato. Su set avanzó como una sola línea continua, con percusiones contenidas, capas oscuras y una sensación constante de desarrollo interno. Más que una sucesión de temas, fue una narrativa cuidadosamente tejida.

Y sin apenas transición consciente, llegamos al cierre absoluto del festival: el b2b de Marrøn y Freddy K. Dos artistas asociados a la vertiente más cruda y funcional del techno, que llevaron la intensidad a su punto máximo. Su set fue directo, sin concesiones, con un enfoque centrado en el hardgroove y el techno más físico, construido para mantener la pista en movimiento constante hasta el último segundo. Fue un final sin artificios, pero absolutamente efectivo: puro cierre de festival en su estado más esencial.
El domingo funcionó como una evolución natural del sábado: un día donde el paisaje, los escenarios y los artistas terminaron de consolidar una experiencia que, en conjunto, superó cualquier expectativa inicial.
En conjunto, el festival superó claramente nuestras expectativas en todos los aspectos. La producción estuvo muy bien ejecutada, con escenarios cuidados y una organización que permitió moverse con facilidad durante todo el fin de semana. El sistema de sonido fue uno de los puntos más destacados: potente, limpio y constante en todos los stages, manteniendo una calidad impecable incluso en los momentos de mayor afluencia. También la localización y los accesos contribuyeron a una experiencia fluida, sin fricciones ni tiempos muertos innecesarios.
A nivel musical, el lineup combinó grandes nombres con propuestas más específicas de la escena, dando forma a una programación equilibrada y con identidad propia. Esa mezcla, junto con el formato más contenido del festival, reforzó un carácter íntimo poco habitual en eventos de esta escala. En definitiva, una experiencia muy completa y bien construida, que deja la sensación de haber vivido un festival sólido en todos sus niveles y que, sin duda, merece repetirse.