Los días 23 y 30 de mayo de 2026 tuvimos la gran oportunidad de asistir como medio de prensa a los eventos de Maudes en el Parque Enrique Tierno Galván de Madrid. En esta crónica desarrollamos nuestra grata experiencia en el festival
Nos encantaría comenzar el artículo dándole las gracias a Sofía Compés, la persona encargada de gestionar las acreditaciones de prensa en Maudes, quien confió en nuestro medio para cubrir los dos días de “The Green Nation”. Analizando en detalle todo el material que nos facilitó para redactar la entrada previa al festival (fotos, vídeos, un dossier corporativo de la edición de 2026, etc), nos empapamos de una estética fantástica, como de cuento de hadas. La tipografía, la gama cromática, la historia detrás de esta “nación verde” y los engranajes nos sumergieron en una fábula en la que nos dejamos guiar simplemente por la curiosidad.
No es la primera vez que el equipo de Loud Cave (como entidad) acude a Maudes Festival, pero sí que hubo una rotación de periodistas. Al no estar demasiado familiarizados con esta escena electrónica (hablando en este caso particular), todo lo relacionado con estas dos jornadas fue completamente nuevo. Hacía mucho tiempo que no visitábamos un recinto musical sin expectativas, con el conocimiento justo acerca de los artistas del line-up, con la única premisa de aprender, vivir una experiencia totalmente única y, como siempre, hacer la mejor cobertura posible. Los puntos más destacables se exponen a continuación:
Entorno idílico
Parece mentira que, siendo natales de Madrid y fieles amantes de la provincia, nunca hubiésemos visitado el Parque Enrique Tierno Galván. Nos sonaba. Sabíamos que estaba cerca del Planetario, pero era una ubicación desconocida. Nos sentimos un poco como cuando tienes que ir ampliando el mapa en un videojuego. Nada más llegar, entendimos por qué la parada de Maudes en Madrid tenía ese título, y sobre todo, por qué ese fue el spot elegido.
En Madrid tenemos la suerte de contar con varios parques naturales que se integran de forma sutil y coherente en la urbe: El Retiro, La Casa de Campo, el Parque de Valdebebas, el Bosque de Valdelatas, El Parque Juan Carlos I… Y el día 23 de mayo nos dimos cuenta de que el Enrique Tierno Galván pertenece a esta larga y prestigiosa lista de recintos.
Un parque no excesivamente grande, pero de unas dimensiones considerables, situado en el municipio de Arganzuela (cerca de Vallecas), con una disposición de anfiteatro y rodeado de árboles. Vibra especial, sobre todo viendo cómo el Sol se escondía entre los arces al atardecer. Centrándonos en el espacio que se habilitó para el evento (es decir, de vallas para adentro), una serie de escalones a distintas alturas (así como las terrazas de arroz) rodeaban en semicircunferencia una gran esplanada de asfalto, donde obviamente se colocó el escenario principal.

Cada escalón tenía pequeños muritos donde uno podía sentarse, así como zonas con hierba para termorregular un poco el cuerpo a través de los pies descalzos (cosa que hizo falta). Si mirabas a la derecha, veías el Pirulí, si mirabas de frente, la arquitectura madrileña. Una larga hilera de altos árboles flanqueaba sus hojas a son del viento justo detrás de la cerca, regalando un fresquito que se agradeció bastante, sobre todo el segundo día de festival.
Hubo gente que disfrutó de la música desde una pequeña colina detrás del escenario; todo un homenaje, pudiendo percibir parte del ambiente y las vibes sin gastar ni un euro. Y también hubo detractores, ya que, de camino al anfiteatro, leímos carteles de “No a Maudes” en distintas marquesinas de autobuses, aludiendo a molestias por ruido. Entendemos que al situarse en un entorno céntrico puedan surgir discrepancias, pero más allá de que a la hora de la verdad el efecto Doppler hizo de las suyas a la altura de la carretera, si ya no se va a poder ni celebrar una fiesta que acaba a las 23 en un parque… Apaga y vámonos. Nos metemos todos en casa, cuarentena volumen 2, y que nadie tenga el valor de quejarse. Hay que disfrutar un poco, por favor.
Horario y temperatura
Servidor, español y amante acérrimo de la música electrónica más dura, fantasea con los horarios de los festivales holandeses, pues en la Península Ibérica rara es la vez que se puede escuchar hardstyle/hardcore de día. Sin embargo; con la música house esto no ocurre. La verdad es que se agradece poder disfrutar de una buena fiesta en horario diurno, para salir como mucho a las 23:30 o 00, llegar a casa un rato después, y poder ser una persona funcional al día siguiente. Evidentemente, la brisa Mediterránea nos tiene corrompidos (a nosotros, y a los portugueses, italianos y griegos), por lo que llevamos el ocio nocturno casi en las venas. Aquí ya entran las preferencias de cada uno. En nuestro caso, nos encantó acceder al Tierno Galván alrededor de las 17 de la tarde, estar seis horas de bailoteo, y poco después del sunset, despedirnos de Arganzuela con alegría y cansancio a partes iguales, mirando el reloj y sabiendo que aún era “pronto”.
Además, el ambiente en un evento diurno es otro rollo. Subjetivamente nos da una sensación más familiar, de más seguridad. Nos hace sentir más responsables de alguna manera. Y aunque drogas hay en todos lados, se suele ver a la gente menos “pasada” a las 18 de la tarde que a las 4 de la mañana. Ojalá todos los eventos electrónicos, de todos los géneros, se llevasen a cabo en esta franja horaria.
La temperatura, gran protagonista, puso las cosas bastante difíciles el primer día. Casi en junio, raro y preocupante sería que los Celsius no se disparasen en la capital (de ahí que la mayoría de eventos musicales se celebren de noche, por cierto), pero lo de la tarde del 23 fue loco. Cómo pegó el sol, gente. Menos mal que la organización de Maudes ofreció una especie de techadillos que, al menos, protegían un poco de la radiación y daban un mínimo de sombra. Éstos estuvieron absolutamente llenos hasta bien entrada la tarde.
Sin duda, uno de los servicios que más agradecimos fue que el agua fuese gratis. Había una zona equipada con un montón de grifos en línea para que cualquiera pudiese vencer la sed a morrillo o con vaso/botella. Premiamos esta generosidad, pues hemos estado en otros festivales que, aunque haga 50ºC, te cobran las botellas de agua con tal de hacer caja. Al fin y al cabo, es un derecho universal.

El line-up
Dentro del espectro del house y el techno, sonaron multitud de estilos y subgéneros distintos.

El día 23, entramos al Tierno Galván cuando estaba pinchando Âme DJ, quien nos sorprendió con una vertiente melódica del house. Fue una sesión larga y diversa, en la que los picos de energía subieron y bajaron jugando con la dureza. Apreciamos tintes de EDM en algunos momentos, y los basslines graves y retumbantes fueron bastante usuales.
Por su parte, The Blessed Madonna nos regaló nuestro set preferido de la velada. Algo más tranquilo y bailongo, con continuas influencias funky y disco que nos mantuvieron en continuo movimiento durante todo el set. Nos transmitió su inagotable energía en cabina, bailando, animando al público y dando palmas sin cesar.
Y la noche terminó con el DJ Set de 2MANYDJS; la voz de la experiencia. Con trajes ante los platos y mucha elegancia, los belgas David y Stephen Dewaele aumentaron los decibelios del anfiteatro considerablemente. La gente tenía muchísimas ganas de bailar con sus increíbles mezclas.
Una semana siguiente, pudimos disfrutar de la extensa sesión de ARODES, interesante y dinámica a partes iguales. Nos sirvió como un puente perfecto para terminar de darle zapatilla con Argy, el headliner del sábado, y probablemente de todo el festival. La peña se volvió absolutamente loca. Los kicks empezaron a tener más ataque, más frecuencias graves, y el techno melódico (e incluso el psytrance) se prolongaron hasta las 23 de la noche. Una sesión exclusiva, qué duda cabe, y cañera en cuanto a la norma en esta música.

Escenario, sonido e iluminación
Un guiño al mainstage de Tomorrowland 2014. Pelitos de punta al entrar. La cabeza de lo que parecía una fémina robótica se situó en el eje central del escenario. Engranajes y óxido apuntaban a una estética industrial, que a la vez se fusionaba con la hierba y las trepadoras de “The Green Nation”. De la cabeza salían distintos cables hacia ambos lados, que se iluminaban a medida que la noche iba abriéndose paso.
El sonido fue totalmente adecuado. Decibelios justos para un espacio abierto, y ecualización nítida y audible. Por su parte, el equipo de iluminación estuvo a la altura, con focos, láseres y cabezas móviles que proyectaron luces de distintos colores en los últimos sets de ambos días. La temática fue un acierto total.

Stands, precios y curiosidades
Los distintos puestos se dispusieron a lo largo de la semicircunferencia del parque, y no hubo aglomeraciones destacables. Pudimos pasarnos por el stand de merchandising; curioso y elegante. Los baños, situados en el escalón más alto con el fin de evitar problemas de olor, estuvieron bastante limpios, tanto los de chicas como los de chicos.
El servicio en las barras fue notable, y los precios asequibles. Claro que es caro pagar 5.50 por un vaso de cerveza, pero en comparación con otros eventos… Está bastante bien. Y hablando de vasos, tenías que pagar1.50 por cada uno, aunque al final del día podías devolverlo (junto con una ficha) y te reembolsaban un euro. Es decir, tan sólo perdías 50 céntimos por el “alquiler”. Iniciativa desde luego original para reciclar y colaborar en el cuidado del medio ambiente.
También hubo un puesto de Goiko que servía principalmente hamburguesas, distintos spots decorados con la idea de que la gente pudiese sacarse fotos bonitas, pantallas LED con visuales y anuncios…

En definitiva, nuestro paso por Maudes fue de sobresaliente. Recomendamos encarecidamente a la gente asistir y, sin dudarlo ni un instante, volveremos el año que viene. Nos toca quitarnos el sombrero.
Para los canarios (o los que tengáis pensado volar a la Región Macaronésica en verano), Maudes celebrará el 25 de julio una edición en la Plaza de La Música deLas Palmas: “Echoes Of Atlantis”. ¡Qué pintaza!